Midi-Pyrénées Parte 3 | Rocamadour, Saint-Cirq-Lapopie y Cahors: 3 joyas del sur de Francia

Bienvenidos al departamento de Lot, 
nuestra última parada en esta ruta por Occitania. Aquí nos esperan 
lugares mágicos como Rocamadour, Saint-Cirq-Lapopie y Cahors, tres joyas 
que resumen la esencia del sur de Francia. ¿Me acompañas a descubrirlas? Este departamento se caracteriza 
por su geografía más suave, marcada por valles fluviales como el 
del río Lot, del cual adopta su nombre; además de viñedos y paisajes muy verdes y 
pintorescos. Posee un gran patrimonio religioso, pueblos encaramados, cuevas prehistóricas 
como Pech Merle, y en su gastronomía cobran protagonismo el vino de Cahors, la trufa 
negra, el cordero del Quercy o el foie gras. Si eres amante de la historia, el arte y 
de los pueblitos medievales que combinan encanto y elegancia, no te lo puedes perder. Ahora descubramos Rocamadour, la 
joya del Lot y el segundo lugar más visitado de Francia, por 
detrás del Mont Saint-Michel. Su imagen es inconfundible: casas, santuarios y 
murallas que parecen colgar literalmente de un acantilado sobre el cañón del río Alzou, en pleno 
Parque Natural Regional de las Causses du Quercy. El mejor lugar para observarlo en 
su conjunto es desde l’Hospitalet, la zona moderna de Rocamadour, donde se concentran 
hoteles, restaurantes y servicios turísticos. Desde allí se puede conectar con el centro 
histórico mediante dos caminos, a pie o en coche: uno conduce a la parte baja del pueblo y otro a 
la parte alta, desembocando justo en el parking 2, donde estacioné mi vehículo. Su precio es de 6€, 
independientemente del tiempo que estés, pero su cercanía me permitió optimizar el tiempo de la 
visita, ya que mi itinerario era muy ambicioso. Rocamadour está construido en distintos niveles 
y cada uno de ellos tiene su propio encanto. En la parte más alta del pueblo se levanta 
el castillo de Rocamadour, construido en el siglo XIV para proteger el santuario. Sus 
murallas se pueden visitar previo pago de 2€ en la máquina que hay a la entrada. Aunque 
no son muy extensas, permiten contemplar los jardines del castillo y su fachada, el entorno 
que rodea este mágico enclave, el camino de la cruz que conduce hasta el santuario y la única 
calle del pueblo que se encuentra en la parte más baja. Sin duda, se trata de una de las 
vistas panorámicas más bellas de toda la zona. Para llegar al siguiente nivel comenzamos 
a descender por el Chemin de la Croix, o camino de la cruz, que rodea la roca y 
conecta el castillo con el santuario. Durante este trayecto iremos encontrando a 
nuestro paso grutas, pequeños monumentos, cruces y elementos históricos, que 
evocan la tradición de los peregrinos medievales. Mientras disfrutamos de 
magníficas vistas al valle del Alzou. Antes de entrar al Santuario, hay una 
pequeña esplanada en la que encontrarás un ascensor que te llevará a 
la parte más baja, previo pago. Nosotros continuamos el recorrido a pie, 
traspasando el precioso arco de entrada, que deja entrever la maravilla 
arquitectónica que nos espera tras él. El conjunto religioso está formado por 
varias capillas excavadas o adosadas a la roca. Era tal la afluencia de 
peregrinos que visitaban el lugar, y tan limitado el espacio que dejaba el 
acantilado para levantar una gran basílica, que se construyeron hasta doce pequeñas iglesias, 
de las cuales solo siete han sido restauradas. Desde la Edad Media, Rocamadour ha sido uno de 
los grandes destinos espirituales del Camino de Santiago en Francia. Los peregrinos llegaban 
hasta aquí para venerar a la Virgen Negra, una talla románica del siglo XII que se 
conserva en la capilla de Notre-Dame. Si os fijáis, veréis barcos colgando, ofrendas 
votivas que marineros y pescadores entregaron a la Virgen por los milagros que se 
le atribuyen, especialmente aquellos relacionados con el mar y la navegación.
Incluso cuenta la leyenda que, cuando un navío logra sobrevivir a una tormenta, la 
campana del santuario suena por sí sola. Además de Notre-Dame, destacan la basílica 
de Saint-Sauveur, cuya particularidad es estar dividida en dos, de modo que monjas 
y frailes no compartieran el mismo espacio, y la cripta de Saint-Amadour, ambas 
declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO. Según la leyenda, Saint-Amadour fue un 
ermitaño que se retiró a este lugar para orar, y cuyo cuerpo incorrupto fue hallado 
siglos después, dando origen al culto que convirtió a Rocamadour en un 
importante centro de peregrinación. Todo el conjunto religioso es un prodigio 
arquitectónico, admirable por su belleza y por la manera tan singular en que se integra 
en la roca. Cuesta imaginar cómo se pudo llevar a cabo semejante hazaña en aquellos 
tiempos, pero, como tantas otras maravillas, quizá ahí reside parte de su misterioso encanto. Algo curioso que descubrí mientras visitaba cada 
uno de estos templos fue una octava capilla: la de Nuestra Señora del Óvalo, patrona de los 
jugadores de rugby. Se encuentra fuera de las pequeñas murallas que resguardan al resto y fue 
construida para cerrar un recoveco de la roca. Aquí, los aficionados y jugadores 
de rugby dejan sus camisetas como muestra de agradecimiento o para pedir 
protección en el campo de juego. Esta tradición comenzó en 2011 y, desde 
entonces, no ha dejado de crecer. Descendemos por la escalera que 
desemboca en la Puerta Santa, la entrada al Santuario desde la 
parte baja. Una auténtica obra de arte que anuncia la maravilla que les espera 
dentro, situada en la plaza de los señores. Desde este punto parte la rue de la Mercerie pero 
nosotros seguimos descendiendo por la escalinata monumental, compuesta por 216 peldaños, que 
muchos subían de rodillas en señal de devoción. Hoy en día ya no es tan habitual, pero 
tuve la oportunidad de presenciar a una pareja practicando este rito: En cada 
peldaño hacían una parada para recitar una breve oración antes de continuar con el 
siguiente. No los grabé por respeto a su fe. Al llegar a la parte más baja de 
Rocamadour, aparece la rue de la Couronnerie, la calle principal de la cité 
médiéval, llena de tiendas y restaurantes, invitándonos a descubrir el bullicio 
y la vida cotidiana del pueblo. Dejando la escalinata a nuestra espalda, giramos 
a la derecha para recorrer este tramo de calle hasta la Porte Hugon, también conocida como 
Porte du Haut de Coustalou, por encontrarse en la zona alta del sector llamado Coustalou. 
Esta elevación estratégica le permitía vigilar y controlar el acceso al pueblo desde lo alto, 
formando así parte de la primera línea defensiva. A partir de aquí, la calle pasa a llamarse 
Lou Coustalou. Es mucho más tranquila que la anterior ya que se trata de una zona más 
residencial, que conduce hasta la Porte Basse, otra de las cuatro puertas medievales 
que aún se conservan. También formaba parte de la primera línea defensiva del pueblo, 
controlando el acceso desde la entrada más baja, cercana al río Alzou, y sirviendo como 
punto principal de entrada desde el valle. Deshacemos nuestros pasos y continuamos por 
la animada calle central, disfrutando de su ambiente entre tiendas, heladerías y restaurantes, 
hasta llegar a la Place de Saint-Louis, donde se encuentra otra de sus puertas medievales: la 
Porte Salmon. Su nombre proviene probablemente de una familia local o de un propietario histórico, 
como solía ocurrir en la época, y formaba parte de la segunda línea defensiva, protegiendo 
el acceso al núcleo central del pueblo. De la puerta en adelante, la calle pasa a 
llamarse Roland le Preux, y en este tramo encontramos el ascensor del cual os hablé 
antes, que facilita el acceso al Santuario. Mientras paseamos te explico que me llevó 3 
horas descubrir este maravilloso lugar con toda la calma que requiere, pero bien podrías 
permanecer el día completo si decides visitar l’Hospitalet y llegar a Rocamadour a pie, comer 
aquí y detenerte en algunas de sus tiendas. Al final de esta calle se encuentra la última 
puerta defensiva que se conserva en Rocamadour la Porte du Figuier, cuyo arco de piedra 
es original y enmarca a la perfección la vista del entramado urbano, los edificios 
colgantes y el castillo dominando la roca. La forma perfecta de despedirnos de 
este enclave único y poner rumbo a nuestro próximo destino: Saint-Cirq-Lapopie. Un lugar que podría describirse con 
muchos adjetivos, pero bucólico es el que mejor refleja su esencia. Al 
estar suspendido sobre el río Lot, es habitual que la niebla 
lo cubra por las mañanas, y vaya desvaneciéndose a medida que avanza el 
día, dejando al descubierto toda su belleza. Antes de comenzar a recorrerlo, un inciso. 
Hay varios aparcamientos de pago disponibles, pero el más cercano es el nº 4, aunque 
al principio parezca que te alejas, en realidad no es así. El precio es de 7€ y 
puedes dejar el coche todo el tiempo que desees. Ahora sí, comenzamos nuestro recorrido por este lugar tan romántico que transmite 
una paz y una calma incomparables. Nos adentramos en su entramado de 
encantadoras callejuelas empedradas, flanqueadas por casitas a ambos 
lados, hasta llegar al Museo del Vino, dedicado principalmente a la historia, técnicas y 
cultura del vino en la región, desde la vendimia hasta la elaboración y la conservación, e 
incluye también catas y degustaciones. Al final de esta calle llegamos 
a la bonita Place du Sombral, rodeada de casas de piedra y entramados de 
madera que conservan todo el encanto medieval. En ella se encuentra un albergue que acoge a los 
peregrinos de paso y varios restaurantes donde los visitantes pueden hacer una pausa 
para disfrutar de la gastronomía local. Además, desde la plaza se pueden contemplar 
las ruinas del antiguo Castillo de Cardaillac y del fuerte señorial. Este castillo 
fortificado, originario del siglo XIII, perteneció a una de las familias 
más poderosas del Quercy medieval, la histórica región que abarca hoy en día el 
departamento de Lot y parte de Tarn-et-Garonne. Su función principal era vigilar el paso del 
río Lot y controlar las rutas comerciales que cruzaban la zona. El emplazamiento estratégico de 
la villa y su sólida fortificación le permitieron resistir numerosos conflictos bélicos de la época, 
consolidándose como un lugar seguro y próspero. No olvides subir hasta lo alto para disfrutar de la impresionante panorámica que 
ofrecen el valle y el río Lot. La villa medieval fue creciendo alrededor 
de esta fortaleza, con calles empedradas y casas de piedra construidas para 
albergar a comerciantes, artesanos y campesinos que vivían del comercio fluvial.
A día de hoy, su trazado medieval se conserva intacto, y los apenas 207 habitantes de 
este hermoso pueblo continúan dedicándose a la artesanía y al cultivo de sus huertos, 
manteniendo viva la esencia de sus orígenes. Es por ello que encontramos galerías, tiendas 
y talleres de artesanía repartidos por todo el pueblo, ya que durante los siglos XIV y XV 
esta villa se convirtió en un importante centro comercial y artesanal, destacando especialmente 
en la producción de seda y tejidos de lino. Y ya que hablamos de arte sería impensable no 
mencionar al célebre fundador del surrealismo, André Breton, quien quedó cautivado tras 
su primera visita a Saint-Cirq-Lapopie. El pueblo encajaba perfectamente con los 
ideales surrealistas de belleza inesperada y atmósfera casi onírica, por lo que se compró 
una casa, hoy en día la más antigua de la villa, y dio visibilidad al pueblo dentro del círculo 
artístico de la época. Esto contribuyó a revitalizar la villa después del abandono sufrido 
tras la II Guerra Mundial y junto con Emile-Joseph Rignault lo convirtieron en un refugio de 
artistas y lugar de inspiración creativa. Actualmente, la casa de Breton y la 
de Rignault están conectadas por una pasarela y albergan el Centro Internacional 
para el Surrealismo y la Ciudadanía Mundial. El efecto llamada de Breton sigue 
vigente gracias a la Casa Daura, un edificio monumental que se ha convertido 
en residencia de verano para jóvenes artistas. Su antiguo propietario fue el pintor 
menorquín apodado Pierre Daura, que vivió aquí en los años 30 y volvió 
cada verano hasta su fallecimiento. Descubramos ahora la iglesia de 
Saint-Cirq-et-Sainte-Julitte, construida en el siglo XIII en estilo gótico, aunque conserva 
elementos de su anterior templo románico y fue ampliada en el siglo XV. A los pies del 
campanario, se conserva una de las medidas de piedra que regulaban la venta de cereales en el 
mercado. Y en la misma plaza veréis el monumento a los caídos, en honor a los soldados del pueblo 
que murieron durante las guerras mundiales. Esta iglesia dedicada a madre e hijo ha sido 
testigo de la historia del pueblo, además de estar estrechamente ligada al origen del nombre 
de la villa, sobre el que existen varias teorías. Por una parte, Saint-Cirq hace referencia a San 
Ciro, un santo venerado en la región cuya historia se vincula a un mártir cristiano del siglo IV, el 
más joven del cristianismo, con tan solo 3 años. Por otra parte, el origen de Lapopie, tiene varias 
interpretaciones: algunos sostienen que proviene de una familia noble que poseyó estas tierras en 
la Edad Media, que a su vez tomaron su apellido del lugar. Lo que nos lleva a la segunda y tercera 
teoría, que sostiene que deriva del occitano la popia, que significa “la cima” lo cual encaja a 
la perfección con este pueblo, ya que corona un acantilado sobre el Lot. Sin embargo, también 
se ha señalado que podría relacionarse con la palabra “seno”, evocando la forma de la roca 
sobre la que se alza el pueblo y la manera en que lo sostiene y protege, como si la naturaleza 
misma lo sustentara. ¿Con cuál de ellas te quedas? Por último, quiero destacar 
la puerta de Pelissaria, la mejor conservada de la villa. 
También es conocida como puerta de Rocamadour por su conexión histórica 
con la ruta hacia el Santuario del Lot. Su arco de piedra original y la vista panorámica 
que ofrece al valle del Lot y al trazado medieval de calles y casas de piedra la convierten en una 
visita obligada para los amantes de la fotografía. Todo esto ha convertido a Saint-Cirq-Lapopie en 
uno de los pueblos más bellos de Francia y en un destino muy apreciado por sus visitantes, amantes 
del arte y la historia, aunque se mantiene alejado de las masificaciones turísticas, al estar 
rodeado de enrevesadas carreteras secundarias. Las cuales nos llevarán al último destino de 
esta pintoresca ruta por Occitania: Cahors. La capital del departamento del Lot tiene un carácter completamente distinto al 
resto de lugares que hemos visitado. Se encuentra enclavada en un meandro del río 
Lot, lo que le da una forma muy particular: el casco antiguo está prácticamente rodeado por 
el río, como si fuera una pequeña península. Su origen se remonta a la época romana, 
cuando se conocía como Divona Cadurcorum, y desde entonces ha sido un importante 
centro comercial y religioso. La ciudad es famosa por su Puente Valentré, una 
joya de la arquitectura medieval fortificada, por su catedral de Saint-Étienne, de estilo 
románico y gótico, y por su vino tinto, que tiene denominación de origen y es considerado 
uno de los más prestigiosos de Francia. Sin embargo, tuve que visitarla 
de noche y a pesar de ser sábado, la ciudad estaba prácticamente desierta. Aquí te muestro algunos de los lugares que 
pude visitar para que te hagas una idea. Como me hospedaba junto al Puente 
Valentré, esta fue mi primera parada y, al hacerlo en el mes de octubre, durante la 
celebración del octubre rosa, los edificios más emblemáticos estaban iluminados de este 
color, embelleciéndolos todavía más. Después atravesamos la vía del tren y continuamos 
la calle del presidente Wilson hasta el Boulevard Leon Gambetta, donde nos topamos de 
frente con el Ayuntamiento de Cahors. A pocos pasos se encuentra la Place 
François Mitterrand. Esta sirve como enlace entre diversas zonas de la ciudad: los 
bulevares, el río Lot y el casco histórico. Algo muy curioso es que, bajo la plaza, 
en el actual aparcamiento subterráneo, se hallaron los restos de un 
anfiteatro romano del siglo I d.C., que habría tenido capacidad para 
entre 5.000 y 7.000 espectadores. En esta gran plaza también podemos ver 
el Teatro de Cahors, un edificio moderno, que simboliza la cultura en la ciudad. Cruzando el Boulevard, en la esquina de 
la rue Fondue Haute y la rue de la halle, se encuentra la casa del patrimonio. 
Un gran ejemplo de la evolución de estilos arquitectónicos de la 
ciudad a lo largo de los siglos. Esta calle desemboca en el 
Mercado cubierto de Cahors, uno de los lugares más auténticos de 
la ciudad donde saborear la gastronomía regional, 
ubicado en un edificio del siglo XIX. Desde este punto podemos contemplar 
la imponente fachada de la catedral de Saint-Étienne, declarada Patrimonio 
de la Humanidad, destacando sus cúpulas, su claustro y la venerada Santa Cofia, 
reliquia que atrae a numerosos fieles. Frente a ella se encuentra la rue du 
Maréchal Joffre, arteria comercial con encanto ideal para pasear o ir de compras. Si rodeamos la catedral encontramos 
la escultura de l’Ange de Lazaret, en homenaje a las víctimas de las grandes 
epidemias, especialmente a los enfermos que eran aislados en lazaretos o zonas de 
cuarentena durante las pestes medievales. Su figura alada evoca tanto la protección 
espiritual como la liberación del sufrimiento. En la parte trasera de la catedral encontramos 
la Fontaine Clément-Marot, que rinde homenaje al poeta más ilustre nacido en Cahors y nos 
recuerda el legado literario de la ciudad. Las calles que ofrecen la muestra más 
representativa de las casas medievales de Cahors son: la Rue Nationale, la Rue 
de la Chantrerie, la Rue de la Daurade, la Rue du Château-du-Roi y la Rue des Soubirous. Mi preferida es la rue Daurade y 
en el número 12 se encuentra una de las casas de entramado de madera 
más antiguas del sur de Francia. Continuamos nuestro paseo junto al río Lot y 
llegamos a uno de los lugares más curiosos de la ciudad: El reloj monumental. Una pieza única 
que combina arte, ingeniería y simbolismo. Fue donado a la ciudad en 1997. Su funcionamiento se 
basa en un sistema innovador que utiliza 54 bolas de pinball de 80 gramos cada una. Estas bolas, 
al rodar por un circuito, impulsan el mecanismo del reloj, lo que le permite funcionar de 
manera autónoma sin necesidad de energía eléctrica. Todo un símbolo de armonía entre la 
tradición relojera y la creatividad artística. Con esta visita termina nuestro recorrido por 
la ciudad. Me quedé en el núcleo más céntrico, ya que la falta de iluminación y lo 
solitarias que estaban algunas calles hicieron la visita algo incómoda, impidiéndome 
disfrutar plenamente de los detalles. Además, comparada con los encantadores pueblitos que había visitado antes, Cahors no terminó de 
conquistarme, por lo que decidí retirarme. Y aquí llega a su fin este viaje por 
los maravillosos rincones de Occitania, con el corazón lleno de paisajes inolvidables 
y la memoria repleta de recuerdos. Cada lugar nos ha mostrado su encanto 
único, su cultura y las historias que guardan entre sus calles empedradas y 
murallas enclavadas en plena naturaleza. Si este recorrido te ha gustado, no olvides 
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inspirado y contarme en los comentarios cuál de estos lugares te ha conquistado 
más. ¡Yo te espero en el próximo destino!

Con este video llegamos al final de nuestra ruta por Midi-Pyrénées, ideal para hacer en otoño.

En el episodio de hoy exploramos tres lugares espectaculares del Valle del Lot: Rocamadour, Saint-Cirq-Lapopie y Cahors, auténticas joyas medievales que te harán enamorarte aún más de Francia. 🏰✨

00:00 Intro
01:00 Rocamadour: el santuario colgado sobre el acantilado.
08:15 Saint-Cirq-Lapopie: uno de los pueblos más bellos de Francia.
14:24 Cahors: capital histórica del Lot, famosa por su puente Valentré.

Si te gustan los pueblos con historia, los paisajes mágicos y los viajes diferentes, este video es para ti. 🌿✨

📌 No te pierdas las otras partes de la serie:
👉 Parte 1: https://www.youtube.com/watch?v=EWxC5rCZkOc
👉 Parte 2: https://www.youtube.com/watch?v=yanvdL5kOOo

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